Tierra de caoba

Preguntaron si podían

como albañiles de obra.

Como quien estampa

sellos desidiosos

en horas de oficina.

 

¿Podemos, señora?

La pregunta esparció dardos de hielo

trayéndonos a un mundo

que nos mostraba su espalda.

No hubo voz de respuesta,

solo unos párpados doblegados.

El tránsito convertido

en producción industrial

donde delicadeza y estética

requieren de más tiempo,

y el tiempo es un factor monetizado.

 

Pudieron, vaya si pudieron.

Cuerdas rasgadas como

cintas mecánicas

que a trompicones se deslizan hacia abajo.

Hileras de nombres,

nombres empaquetados,

nombres que transforman en anónimos

alineándolos puntuales y milimétricos

sobre el caucho. Aquí sobre la tierra excavada.

 

Cuerpos que se dejan hacer,

almas que intentan colocarse.

Subir requiere más esfuerzo que bajar,

bajar resulta más ligero. Automático.

 

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