Una mujer difícil

Estaba lavando en el río cuando oyó un estruendo indescriptible a su espalda. Sorprendida, se volvió rápida y una luz intensa la cegó. Con la mano mojada a modo de visera, vio un ángel vestido de blanco satén posarse sobre unos juncos de la orilla con las alas extendidas en todo su esplendor.

¿Te parece bonito aparecer así?, le preguntó enfadada a la aparición. Gabriel se quedó un momento sin saber qué decir pero como también era muy resuelto recuperó enseguida la compostura y le comunicó que era el ángel del Señor y que venía a…

Muy poco impresionada, la bella joven lo interrumpió (desde ya os digo: los ángeles no tienen ni sexo ni género así que sí, es correcto ese “lo”). ¿No me ves lavando en el río, que mira qué sabañones tengo en las manos? ¿Crees que estoy para visitas celestiales?

Gabriel sopesó la situación y supo que la joven le iba a conceder  muy poquito tiempo para dar el mensaje; y ¡mierda! nadie le había advertido de que la mujer-niña fuera de carácter difícil. Así que fue escueto: Vas a dar a luz un hijo que iluminará el mundo. Ella, más escueta todavía, le contestó:  Y yo te digo a ti que no; y siguió golpeando sábanas en las piedras de la orilla que es como mejor quedan las sábanas cuando las lavas en el río.

Ese fue el primer intento fallido del anuncio de mi advenimiento.

La segunda vez mi Padre y yo cuidamos más los detalles con el onjetivo de que el humor de mi futura madre fuese un poquito menos agrio. Conseguimos por arte de birlibirloque (imposible por otra vía) que lavar, fregar, recolectar nabos y patatas del huerto, traer agua del pozo y barrer el taller de José se convirtiese -por una vez- en fuente de gozo para ella ese día y, al terminar sus tareas domésticas, María se sentó a la orilla del río y comenzó a peinar sus cabellos de oro mientras los peces bebían y bebían y volvían a beber, ya deseosos de ver a Dios nacer. Observaba satisfecha el resultado de su coiffure en el agua cuando vio a su lado reflejada la figura de esplendor inigualable del otro día (¿otra vez?) que se propulsaba por el espacio con un chorro de fuego en cada talón (sistema que siglos más tarde copiarían los americanos para enviar sus cohetes a la luna).

─Ave María llena eres de gracia el Señor es contigo y bendita tú entre todas las mujeres… ─le dijo el ángel muy deprisa.

─Pero vamos a ver, criatura, ¿qué quieres y quién te manda? Y déjate de secretismos ─ordenó ella.

─Me manda el Señor tu Dios para anunciarte que tendrás un hijo suyo que iluminará el mundo… -contestó sin respirar.

Mi eso-está-por-ver madre se indignó:

─¿Así, sin más?¿Voy a ser madre de la criatura y no se cuenta con mi opinión, ni se piensa en lo que eso supondrá para la hombría de mi esposo?  Por no hablar de que nos humillarán públicamente a todos y los hermanos de ese niño se sentirán fatal por ser menos especiales que el nuevo… ¿Habéis pensado tú y tu Señor en algo que no sea vosotros mismos y vuestras heroicidades? ¿Eh, eh?

Gabriel, un poco descolocado por ese planteamiento de las cosas, dejó de batir alas y se le enfrentó:

─Oye niña, ¿quieres ser madre de un rey de reyes que gobernará sobre todos los hombres de la Tierra, o no quieres?

─No quiero ─contestó la virgen niña contundente.

─Mira que salvará el mundo… ─engatusó el enviado.

─¿Y eso me causará muchos disgustos? ─se interesó ella, también felina.

─Y multiplicará panes y peces para dar de comer a los hombres, y convertirá las aguas en vino para dar de beber a todos los invitados en las bodas ─contestó Gabriel evitando la delicada pregunta de la joven─. Y será conocido hasta el final de los tiempos como Jesucristo.

─Ni Jesucristo ni Jesucrista, que digo que no y es no ─y se metió en su casa.

Mi Padre y yo nos miramos un poco desesperados pero a la tercera fue la vencida. Aunque se consiguió, no fue fácil.

─Mira que el chico será guapo a rabiar; de hecho, se parecerá a Kris Kristofferson, y será capricornio y obrará milagros inmensos… ─entró Gabriel directamente, saltándose el avemaríallenaeresdegracia de rigor.

El nombre de Kris Kristofferson hizo que se tambalease la firme decisión de mi madre de no traerme al mundo ya que ella, desde el principio de los tiempos, siempre tuvo debilidad por el polifacético artista. Al ver a mi progenitora terrenal pensativa y vulnerable, aprovechó el enviado para proseguir con el acoso y derribo.

─Que he dicho que sí, ¿o es que no entiendes el arameo? ─se impacientó ella, que ya había dicho que sí pero solo en su cabeza (y Gabriel no tenía la facultad de leer el pensamiento).

─¿Serás la madre de Jesús? ─sorprendido por el giro radical que habían dado los acontecimientos quiso asegurarse de lo que había oído (que no quería luego líos).

Mi madre alzó la mano, indignada:

─¡Eh, un momento! ¿Cómo que Jesús? ¿También vais a elegir el nombre de mi hijo? No me gusta el nombre de Jesús.

Al negociador le dio un vuelco el corazón y los fuegos celestiales de sus talones perdieron un poco de fuelle. Si el niño no se llamaba Jesús cambiaría la historia de la Humanidad… ¿En que quedaría la cosa? ¿Carlocristo, Pacocristo, Fernancristo? Por primera vez en el devenir del mundo, Gabriel estuvo tentado de ignorar las órdenes del jefe, que habían sido clarísimas: Lo que pida, Gabriel; lo que pida.

─¿Y has pensado en algún nombre en concreto, María? ─preguntó con el corazón a mil pero simulando indiferencia.

─Naturalmente ─contestó mi casi madre muy resuelta─, es lo primero en lo que pensamos las madres. Mi hijo se llamará Emmanuel.

Así que el enviado del Señor batió las alas con alivio ─era un nombre apropiado─ y ya se alejaba para darnos la noticia (que ya sabíamos) cuando ella alzó la mano de nuevo. No había terminado la conversación, en contra de lo que él pensaba. Al ángel se le bajaron los humos y se le apagaron del todo los talones. A ver con qué me sale ésta ahora, pensó, pero volvió a recordar las palabras de su Señor: lo que pida, Gabriel, lo que pida. Y el ángel preguntó, humilde:

─¿Alguna petición más?

Se lo habían puesto a huevo así que mi madre aprovechó la entrada como solo ella sabe hacerlo y recitó rápida:

─Sí, quiero una asistenta tres veces por semana, y que haya agua corriente en nuestra casa, que tengo las cervicales fatal del cántaro. Que el muchacho sea dócil y obediente y que no vaya con mujeres, que del parecido con Kris Kristofferson quiero solo el físico…

Gabriel cerró los ojos, cruzó los dedos a la espalda en acto de anulación previa de contrato y firmó el compromiso en un papiro nuevo y crujiente como aro de cebolla recién frito.

Nueve meses después, el 26 de enero, llegué al mundo dispuesto a comérmelo y cambié su Historia.

 

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