El vaso

El vaso lleva en la ventana varios meses. Sin embargo la persiana la suben y la bajan según donde ande el sol.

Imagino que en la casa vive un chico grueso, de barba rubia y descuidada. Ojos hundidos. Fumador. Un tipo de esos que anda todo el día en calzoncillos y se alimenta de pizzas, pero que es un lector sesudo y roba libros en los grandes almacenes.

Esta tarde se ha asomado una mujer, desgarbada, morena. Ojos tras unas enormes gafas oscuras. Viste con elegancia, está leyendo el catálogo de un supermercado y mordisquea una tostada untada con «foie gras». Fuma.

Tras un rato en el que se deja acariciar por los últimos instantes del día, mete la colilla en el vaso y baja la persiana.

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